Ødegård
por paula robles nettel
Pequeña tierra, granja, casa
blanca idílica
de sueños que en parte
llegaron a ser.
Agua salada, tranquilo mar de
invierno noruego
de lágrimas que han caído,
por ocho huellas, calor y
risas que dejaron de ser.
Cuando ya no hubo lágrimas el
dolor creció en su barba,
pesado era el corazón que él tenía que soportar
así que lo dejó afuera,
colgando congelado sobre las ramas
heladas de un árbol.
Él quizá en una silla
favorita,
silenciosamente se sienta y contempla el mar
café en la mano, libro descansando
en su regazo,
mirando por la ventana los
campos helados
recuerda las palabras de
enojo que ahora lamenta
nacidas de la soledad que
ella dejó.
Su tierra, pequeña granja,
una casa, un hombre.
Ødegård, lugar distante, un
hombre distante.
imágenes incoloras son las
que pinto
porque no conozco bien su
rostro,
ni la profundidad del azul de
sus ojos tristes.
Los rastros de mi pluma llegan
desde la parte de su alma que
me ha dejado ver.
Un hombre tan cerca de la
tierra por la que camina
sueños de esperanza, de sentir
y vivir de nuevo
como cuando él besó a esa hermosa mujer
en un día de verano y bajo el
viejo Lilo.
Y aunque ella se marchó, dejo
en él
la sensación de primavera después
de hielo derretido,
del sol que acaricia los
campos y el mar.
Quizás ahora su corazón regresara
a su pecho,
latiendo alrededor de su
vida,
todo es Ødegård finalmente.
Para EA.
Stavanger 4.02.2021
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